Cada 12 de septiembre la Iglesia católica celebra la fiesta del Santísimo Nombre de María, una devoción dedicada a honrar el nombre de la Virgen, madre de Jesús. A diferencia de otras conmemoraciones dedicadas a mártires o confesores, esta fiesta no recuerda la vida de una santa distinta de María, sino que exalta su propio nombre como símbolo de pureza, gracia y protección maternal para los fieles.
El origen de esta celebración se remonta a la Edad Media, aunque adquirió especial fuerza en 1683, cuando el papa Inocencio XI la extendió a toda la Iglesia como acción de gracias por la victoria cristiana en la batalla de Viena frente al Imperio otomano. Desde entonces, el 12 de septiembre quedó asociado no solo a la devoción mariana sino también a la memoria de la liberación de Europa de una gran amenaza, un episodio que le dio a la fiesta un carácter de gratitud colectiva.
Se recuerda a María en esta fecha por el significado profundo de su nombre, que numerosos autores espirituales han interpretado como 'estrella del mar' o 'la amada de Dios', símbolos que refuerzan su papel de guía y consuelo para los creyentes. La fiesta invita a los fieles a invocar su nombre con confianza, como fuente de protección en momentos difíciles, y complementa otras grandes solemnidades marianas del calendario litúrgico.
Un dato curioso es que esta fiesta fue suprimida del calendario romano general en 1969, durante la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, por considerarse redundante junto a otras fiestas marianas. Sin embargo, el papa Juan Pablo II la restableció en 2002 como memoria libre, lo que demuestra la persistencia de esta devoción popular a lo largo de los siglos. En muchos países de tradición hispana, el nombre 'María' sigue siendo uno de los más comunes para las mujeres precisamente en honor a esta advocación.
La devoción al Santísimo Nombre de María también dio origen a numerosas iglesias, congregaciones religiosas y obras de arte alrededor del mundo, entre ellas la célebre iglesia de Santissimo Nome di Maria al Foro Traiano en Roma. Esta fiesta, sencilla pero cargada de simbolismo, recuerda a los católicos la importancia de los nombres sagrados como puente entre lo humano y lo divino.